jueves 11 de febrero de 2010

... De cómo inicio el 2010...

... o de cómo levantarse con el pie izquierdo durante varias semanas seguidas...

El 2009 para mí fue un año "X", a decir verdad. Sucedieron cosas importantes, aprendí muchísimas cosas en la escuela y en los hospitales, la Influenza sólo fue otro simple catarro que afecta a la inmunidad de las células Th2 y que se compone haciendo ejercicio, cosas así... Pasó muy rápido este 2009, y creí que se me haría eterno con el "imposible quinto" semestre. Para variar, saqué buenas calificaciones (excepto en una materia en que todos sacamos 6), y me hice de varios contactos para cuando me enferme en un futuro. ¿Amor? No tal cual, pero sí varias relaciones... poco duraderas, y algunas que se prolongaron durante las festividades de fin de año. Les juro, creo que el mejor suceso del 2009 fue el viaje de mis hermanas a EUA. ¿Porqué? Porque la casa era para mí...

Las cosas suceden de manera muy espontánea, y de un día para otro todo cambia radicalmente. ¿Recuerdan el cuento de Pedro y el Lobo? O algo así era... En fin, la moraleja se empeña en enseñarnos a no decir mentiras porque cuando las cosas en realidad sucedan entonces nadie nos creerá. Vaya que en mi vida relacioné ese cuento con sucesos de diario, principalmente aquellos aunados a la familia.

La abuela murió un 28 de enero del 2010, momentos después de que el reloj marcara las 3 de la mañana.

El primer sábado del año fuimos mi mamá y yo a visitar a la abuela, porque se quejaba de que no hacía del baño. Vamos, dije, seguramente le hizo daño tanta comida de fin de año. Llegamos y la revisamos, en serio que la revisamos. No había dolor ni algún indicio de que su problema fuera un cuadro de abdomen agudo. Sí, a la percusión sonaba timpánico su abdomen, lo que me indicaba que había mucho aire ahí dentro. No se apure abue', son gases que eventualmente saldrán. No se desespere. Le hice maniobras para descartar cualquier posibilidad de cuadro agudo, y todos negativos. Y qué estúpido fui al no recordar todos los cocteles de medicinas que se echaba a cada rato, para su problema neurológico.

Pasaron los días, y el jueves de esa semana nos hablan de nuevo de Rincón advirtiéndonos de que la abuela está internada en el hospital. Válgame... ahora qué habrá pasado, dije. Seguramente nada, cada año le pasa esto y de hecho ahora se había tardado bastante. No va a ser nada. Cuando mi mamá regresó del rancho, me pregunta qué posibilidades diagnósticas tenía yo en mi mente. Le reiteré el clásico Münchausen, algún cuadro diarréico y por ende deshidratación, o se habrá caído. Negó dichos diagnósticos, y me dijo que tuvo apendicitis. FUCK, ¿cómo era eso posible? ¡No tenía dolor cuando le hice las maniobras! Y entonces recordé todo su coctel de medicinas que le aumentaron gradualmente su umbral del dolor, y se le enmascaró. Además, dijo mi mamá, tenía apéndice retrocecal (que da raras veces manifestaciones). Al abrirle el abdomen, los cirujanos descubrieron la apendicitis de "pura chiripa". Al menos todo saldría bien.

Tres días pasaron, y seguía internada. Me tocó hacer guardia para cuidarla, por lo que dispuse mi agenda tan ocupada (ajá...) y me quedé con ella toda la noche. Desde que la vi sabía que las cosas no iban tan bien como decían los doctores. Y a mí, no me podían engañar con palabras técnicas y difíciles. Simplemente con ver el color de sus flemas cuando le di la medicina a las once de la noche, me di cuenta de que estaba cayendo en edema pulmonar. No agudo, pero sí iba en progreso. Comenté eso al médico en turno, y dijo que no había problema pues le estaban vigilando muy de cerca todos los electrolítos para evitar precisamente eso. Dudé.

Dos días después, el miércoles, nos llaman a mi mamá y a mí cerca de las siete de la noche. El estado de la abuela empeoró y la llevan en ambulancia a Aguascalientes. Maldita sea, esto se pone de mal en "pior". Dado que mi mamá estaba enferma en esos días (por haber ido una noche a cuidar a la abuela), una de mis hermanas estaba trabajando y la otra ni se ofreció, yo fui a recibir a la abuela y checar su condición. Al llegar a la clínica vi a la gran mayoría de mis primos y tíos, y sin dirigirles la palabra entré a la sala de urgencias. Si el lunes la había visto yo mal, ese miércoles sentí que del hospital ya no volvía a salir. Con su mascarilla de oxígeno me miró, pero no me habló. Llevaba días sin hablar. Le dije que todo estaría bien, y me dediqué a revisar su placa de torax y sus estudios de laboratorio. Al llegar el internista hubo problemas a la hora de hacer la historia clínica, pues mis tías no recordaban qué medicamentos se le aplicaron durante su estancia en el otro hospital; enojado, describí detalladamente cómo la había visto yo el lunes, y claro que mencioné mi idea de que estaba ya generando edema de pulmón. Cuando vimos la placa juntos, el internista y yo, supimos que tenía una neumonía nosocomial que le estaba invadiendo el lóbulo inferior del pulmón derecho. Pasó poco rato, y la llevaron a terapia intensiva para sedarla e intubarla.

Sólo mi mamá y yo tenemos conocimientos de medicina (a pesar de que un tío es médico...), por lo que la tarea de entrar a terapia intensiva a cada rato (con mi respectivo uniforme blanco y corbatita y agenda para parecer más residente que estudiante) recayó sobre nosotros, además de que tendríamos que informar de cada cambio al resto de los familiares. En lo personal, me enfoqué bastante en la enfermedad de la abuela. Como médico, dejé a un lado los sentimentalismos y me dediqué a explorarla y valorarla cada vez que entraba con ella. Sentía que el corazón se me oprimía, pero resistí cualquier emoción por miedo de equivocarme a la hora de explorarla. Vigilé, día a día, las alteraciones en sus electrolitos. Vi cómo la neumonía avanzó hacia el pulmón derecho, y cómo prácticamente invadió un 75% de cada pulmón. Noté cómo su edema de miembros avanzaba día con día, y cómo sus necesidades de oxígeno de la máquina fueron del 60% al 100%. Bastaron tres días para que yo me diera cuenta del pronóstico. Platiqué bastante con mi mamá, explicándole todo lo que había visto esos tres días. Ella entendió, y llamó a un internista amigo suyo para que sólo confirmara lo que nosotros ya sospechábamos. Dicho internista fue bastante claro cuando nos dijo que, si en cuarenta y ocho horas no mejoraba su situación, sería mejor que fuéramos valorando su calidad de vida y su descanso.

Insistí durante mucho que ese sábado fue el momento para tomar la decisión que se tomó una semana y media después. Pero, entonces, mandaron llamar a un intensivista. O, Discordia! Llegó con ideas "revolucionarias" de que mi abuela mejoraría. Eso inundó de orgullo, prejuicios y esperanza a dos de mis tíos que fueron los responsables de seguir con ese sufrimiento. A mi mamá y a mí nos tacharon todos de pesimistas, fatalistas, y no recuerdo qué más. Muy bien, dije, a esos cabrones no vuelvo a decirles nada. Seguí yendo al hospital cada que podía, y revisaba a mi abuela y sus valores de electrolitos para vigilar la función de su riñón (el intensivista le comenzó a dar un antimicótico muy nefrotóxico, que mataría al hongo que le causó la neumonía, pero también podría matarla a ella). A los familiares no volví a decir nada sobre su deterioro, el fracazo del medicamento, y su eventual pérdida de función pulmonar. ¿Por qué? Tercos, necios, etc, se negaban a escuchar la realidad. Yo sólo quería que se acabara todo, por amor de Dios.

Pasó una semana desde que el internista nos habló con la verdad, y nada mejoraba. Seriamente hablé con mi mamá, exigiéndole que debíamos notificar a las tías y tío al respecto. Se hizo un consenso de hermanos, donde mi mamá y sus cuatro hermanas (el tío no fue por causas que no diré) se pondrían al tanto de la situación de mi abuela y, también importante, la situación económica. Yo estuve presente en dicho consenso a disgusto de varios primos, pues a todos ellos los corrieron de la sala y sólo yo me quedé. Les hablé con la verdad y les comenté la situación. Y les pedí que reflexionaran sobre esta prolongación del sufrimiento de la abuela. Entendieron, excepto una, que siguió terca en el tratamiento. Tan metida estaba en el asunto, que una pielonefritis la tumbó de pronto un día. Bueno, no de pronto, pues estuvo aguantándose el dolor varios días porque luego nosotros íbamos a decir que quería tener atención y bla bla cosas estúpidas que de ninguna manera habríamos dicho. En fin, ahora teníamos a más enfermos en la familia. Mi mamá, mi tía, un sobrino con otitis media tremenda, una prima que chocó, entre otras cosas... y la abuela.

Por fin, el martes, mi tío entró en razón cuando el internista que estaba al mando del tratamiento de la abuela le habló aún más francamente. La otra tía seguía terca.

Miércoles por la tarde, se tomó la decisión de no luchar más. Pasaron ocho horas y media desde que le retiraron los medicamentos (excepto la sedación, y un nivel basal de oxigenación para evitar pleitos legales de eutanasia) para que su sistema fallara por completo. Esa noche estuve siempre con ella, fui el único. A las dos de la mañana, un estúpido camillero (no, un camillero imbécil) me sacó de terapia intensiva alegando que no debía estar ahí. A pesar de que las enfermeras le dijeron que no lo hiciera, pues ellas (y un enfermero) estaban conscientes de que no faltaba mucho. Aún así me sacó el muy hijo de su re-chingada madre. Una hora después murió la abuela.

Entré a la sala después de que nos avisaran, y evité por todos los medios soltar lágrimas enfrente del camillero. Simplemente lo vi. Nosé qué cara tendría yo en ese momento, pues noté que se asustó o al menos sintió remordimiento. Como sea, nunca olvidaré a ese pendejo, y cuando yo sea médico hecho y derecho, sufrirá por lo que hizo. Porque no sólo a mí me la aplicó, sino a mis familiares también. Lo dije ahí, junto a mi abuela.

Fue bastante difícil esta situación, pues yo sentía impotencia de no poder hacer nada para mejorar su estado. Sólo estar con ella. Fue difícil tratar de hacer entrar en razón a los familiares, ser realista y sin dejar a un lado la esperanza de que se mejore. Fue una situación bastante complicada, y espero que no vuelva a repetirse algo así.

Al día siguiente fue el funeral en el rancho. Lloré por unos instantes, después de que metí el cajón en la tumba y la cerraron. No volví a hacerlo. Y tal como sucedió cuando murió mi abuelo paterno en el 2003, no volveré a llorar. No lo necesito. Así me hicieron. Así soy. Así seré.

Dos días después del funeral, fue mi cumpleaños.

El cuento del lobo...

Sólo estoy esperando a que comiencen los problemas de herencia. Hasta entonces.

Ta.

6 comentarios:

Ego dijo...

Yo quería escribir algo así como "ya se le extrañaba"; pero lamento leer esto.
Ni hablar.

Creo que hay una omisión en "Sólo mi mamá y tenemos conocimientos..."

Aki dijo...

qurido mayito:

y si, ya se te extrañaba por estos lares, aun así que bueno que ya estes bien, se que es una gran perdida, pero como ya lo dijise es como el cuento del lobo.
Lo lindo y con lo que puedes estar seguro es que tu abue fue feliz al saber que su nieto estuvo a su lado todo el tiempo y lucho cuanto pudo para que el camillero no los alejara.

felicidades por tu cumpleaños.

te mando un fuerte abrazo
besos

Aki dijo...

querido mayito:

que gusto es leerte nuevamente, talvez no es el mejor momento para decirlo pero animo!
es como mencionaste en tu post, la moraleja del cuento del lobo, todo pasa y deja una poruqe, un algo.

tu abue seguro esta feliz al saber que su nieto estuvo a su lado a todo momento y lucho por estar allí auqnue el camillero queria sacarlo.

felidades por tu cumpleaños
te mando un fuerte abrazo.
besos

[MnS] dijo...

No sabía (y la verdad ni me lo hubiera imaginado) que habías llorado.

Repito: lo lamento.

Pater Noster dijo...

Mi más sentido pésame carnal y pues eso de las horas fúnebres junto con el onomástico está de la chingada

Hace un par de años en mi cumple, falleció una tía de mi entonces novia, pero era como su segunda madre, imagínate.

Esa noche festejé sólo en la piscina, escuchando el "Master of Puppets" de METALLICA.

Srta. Maquiavélica dijo...

mi hermano en broma siempre dice pleaseeeeeeeee nadie se muera ni en navidad ni en mi cumple ejjee
en fin hermoso ya se le extrañaba leerlo
besos